Este artículo ha sido redactado por Indira Sorkar para Manik Camino Maya 🙂

Saber cuándo decir si y cuándo decir no, es tan difícil como decirlo. ¡Sería tan liberador tener una claridad plena que nos garantizara cuándo y cómo aceptar o rechazar lo que acontece, lo que nos proponen o lo que nos afecta!

Pero en muchas ocasiones decir si o no, lo dejamos a la suerte, al vaivén de las emociones o de intereses de los demás. Incluso lo consultamos, porque nos sentimos perdidos. Y consultamos para finalmente oírnos a nosotros mismos con más claridad. Y ahí estuvo siempre la respuesta… en nosotros mismos. ¡Pero es detestable sentirnos perdidos y que nos digan que busquemos la respuesta en nosotros mismos! Queremos oírlo de alguien más, alguien que nos muestre el camino a seguir y, de ser posible, nos garantice buenos resultados. Sentimos que es más fácil, claro y confiable si le preguntamos a otra persona. De paso nos sirve de respaldo por si las cosas no salen como esperábamos. Tendríamos claro a quién responsabilizar sin tener que mirar en el espejo. Pero ni modo. La respuesta está en nosotros mismos.

Hay quienes dicen incluso que la trajimos cuando llegamos a este plano. Ahí está. Y la única manera de acceder a ella no la descubrí yo, la hemos oído y leído miles de veces transmitida de la sabiduría ancestral en boca de grandes maestros: se accede a ella a través del silencio, un silencio suave y sereno. Silenciando emociones que distraen, pensamientos que nos atropellan, ruidos que nos agreden. Silenciando progresivamente los pensamientos, hasta que sólo quedes TU en conexión con lo que ES. ¿Y cómo saber que la respuesta es real? Simplemente lo sabes, viene acompañada de un sentimiento liberador de certeza interna, de sonrisa interna.

Cuando encuentras esa respuesta al conectar con ese espacio de silencio… te alivianas, hay algo en tu vida que encuentra sentido y se confirma con sincronías a tu alrededor que podrás ver si estás atento. Así que si estuviéramos en permanente conexión con Aquello sabríamos siempre cuándo decir si o no, y fluir con nuestro ser, y con la energía universal. Y terminaría nuestra esclavitud de lo ajeno, del qué dirán, de la cotidianidad autómata. Se liberaría entonces cierta forma de obediencia a lo Divino, lo verdadero y perenne dando sentido a nuestra vida, a nuestro camino. Si. Es tan sencillo como complicado. Pero al estar cerca de una persona que lo ha hecho, que permanece en conexión con lo Divino, sentimos que es real, que la vida se puede vivir desde un lugar más profundo y poderoso, que el sufrimiento si es opcional y que vivir en paz con nosotros mismos es posible.


 

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