…La Divinidad, al final se quedó en Silencio, solo contemplaba su Gran Obra. Cada fuerza creada provenía de la chispa de su corazón y revestía el anhelo de felicidad y bienestar para todos los seres. Había creado 20 energías diferentes que representaban el aspecto sagrado del maravilloso mundo azul; que estaba listo para experimentarse a sí mismo. Elevó su mirada al cielo, agradeció la inspiración del Universo y Kinich Ahau para su gran obra. En ese momento, cuando ya se disponía a realizar un nuevo viaje por otros mundos, llegó a ella una nueva revelación. Había otro ser que iluminaba desde lo alto con su presencia; era la Madre Luna que con su rayo de luz plata, la inspiraba para una nueva creación.  Se arrodilló ante ella, y empezó a escucharla…

diosa-de-la-luna-nueva-por-montserratImagen Portada tomada de: El Caldero de Sol

Se dispuso a contemplar con plenitud a esa Gran Luna, abrió sus brazos al cielo y empezó a sentir la fuerza de las 4 diosas que habitaban en ella. Una diosa expresaba la Vacuidad, ella se vestía de negro anunciando que estaba lista para gestar desde sus entrañas un nuevo inicio y permitir que saliera de ella todo aquello que no era recíproco a su energía interior. Otra Diosa expresaba el Crecimiento, ella se vestía con tonalidades blancas para expresar la inocencia de sí misma que estaba dispuesta a empezar a crear lo que desde su interior se había empezado a manifestar. La siguiente Diosa expresaba la Plenitud, ella se vestía de plata para que celebrar el nacimiento de su máxima elevación y brillo, rendía tributo a su poder para ser madre y reconocer la naturaleza sagrada de sus hijos. La última Diosa expresaba la Transformación, ella empezaba a vestirse con prendas rojizas para que pudiera reconocer en sí misma su propio poder de cambio y adentrarse a las profundidades de su ser para descubrir una nueva vibración que nacería en el ciclo de la Vacuidad.

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La Divinidad contemplaba maravillada este Gran Ciclo; una gran Madre que había decidido ser receptiva al brillo lumínico de Kinich Ahau, en diferentes manifestaciones de su propio ser para renovarse a ella misma a través de su poder de renovación constante que establecería en un tiempo mágico de 28 días. En su totalidad e integridad, decidió manifestar el nombre de Ixchel, con el cual muchos seres la invocarían para conectarse al fluir del agua interna y externa que permitiría los procesos de purificación necesarios en el constante movimiento transformador del Universo.

La Divinidad, observó como esta Gran Diosa Luna, iba a perpetuar su ciclo varias veces al año, mientras el hermoso planeta azul recorría todo un camino completo alrededor de Kinich Ahau para rendirle tributo a la estrella que permitía la manifestación de la vida.  Visualizó en el tiempo las veces que Ixchel realizaría este mismo ciclo y contempló un número mágico: 13Este número sería un vínculo sagrado con la fuerza femenina que le permitiría a todos s recibir el potencial de creación y manifestación para expresar su propia divinidad en la tierra.

Con esta comprensión, empezó a reconocer cuales serían los campos potenciales de creación, que actuarían como leyes sagradas para la expresión de los ciclos naturales internos en cada uno de los seres.

TONOS 1 - 4

Contempló a partir de ese instante como se desprendía una pequeña esfera plateada y luminosa de la luna, que llegó suavemente a su mano para que pudiera ver la primera ley expresada por la Gran Madre. En este campo de creación, se manifestaba la posibilidad de reconocer un propósito, el cual le permitiría a cualquier ser correspondiente con su propia unidad. Ese propósito sería la primera semilla que sería depositada en el corazón humano para que lo guiara a través de las múltiples posibilidades de creación. Permanecería allí, en un espacio sagrado susurrándole el camino que le permitiría recordar su verdadera esencia. La Divinidad decidió llamar a esta ley Magnética, ya que con este nombre los seres recordarían como el propósito del Ser atraería lo correspondiente para poder iniciar todo su proceso creador.

Maravillada con el primer paso del plan de la Gran Madre Luna, observó luego como ella decidió recrearse a sí misma, y empezó a gestar dos tonalidades en su superficie. Una de color negro profundo y otra de color plateado intenso, de cada una de estas dos manifestaciones salieron dos esferas que encarnaban la magia de esta dualidad.  La Divinidad recibió cada esfera en sus manos, y contempló como al jugar con ellas, se creaba un nueva ley en la cual se enfrentaba a una elección, en la cual debía volverse correspondiente a alguna de las dos esferas, dependiendo de la creación que se deseaba manifestar. Esto ya suponía todo un juego para ella, y contemplaba con admiración como ella misma se enfrentaba a reconocer cual de las dos energías necesitaba para unas montañas y ríos que deseaba manifestar en un punto del planeta azul.  Sintiendo el poder de esta nueva ley, decidió llamarla Lunar, porque cada vez que la Gran madre estuviera en sus ciclos de crecimiento y transformación, ella se dividiría en su propia luz plateada y negra para expresar este gran poder de elección que cualquier ser tenía a su disposición. Y en este proceso, la Divinidad decidió utilizar la esfera negra para crear las montañas que manifestaban la esencia del interior de la tierra y la esfera plata para crear los ríos que recordarían fluir con el magnetismo de Ixchel.

Abstraída por sus creaciones recientes, de un momento a otro sintió como una esfera blanca llegó a acompañar a las otras dos que tenía aún en sus manos.  Esta esfera se mantuvo suspendida encima de su ser, para que pudiera visualizar el poder de descubrimiento de nuevos talentos en su interior.  La Divinidad comprendió el poder del 3, era necesario previamente haber contemplado la dualidad en si misma para que llegara una tercera esfera que activara una nueva dimensión de su propia naturaleza. Observó como desde las esferas que tenía en sus manos, se proyectaba un triángulo dorado que unía las 3 energías, esta figura generaba chispazos eléctricos de creación que manifestaban diversos dones o talentos que podían ser otorgados para quien decidiera descubrirlos. Era increíble para ella reconocer la cantidad de dones que la Gran Luna podía expresar, y los seres del planeta serían unos privilegiados por poder reverenciarlos y expresarlos en sus procesos de creación. Todo el ser de la Divinidad se iluminada cuando se manifestaba un nuevo don; por esta razón decidió llamar a esta nueva ley Eléctrica, ya que los seres sentirían esos chispazos de luz en su interior cuando activaran cualquiera de los talentos que la Madre Luna les tenía reservados.

Y mientras imaginaba como se expresaría esta ley en el mundo azul y los seres podrían servirse los unos a los otros, la Gran Madre llamó de nuevo su atención. Empezó a transformarse en Luna Nueva, y de allí surgió una esfera negra, brillante como el ónix que se posó a los pies de la Divinidad. Luego se convirtió en una Luna Creciente, y de allí surgió una esfera blanca como la nieve que en algún momento cubriría al nuevo planeta para resguardar las valiosas semillas que decidían descansar en su interior; igualmente esta esfera llegó a los pies de la Divinidad. Después esta luna se lleno de plenitud, llegando a convertirse por un instante en llena y de allí surgió una esfera plateada que acompañaría a las otras dos que ya estaban reposando junto al ser creador. Y finalizando este gran proceso de transformación, observó como se volvía cada vez más rojiza, alejándose de la luz de kinich ahau para crear otra esfera de color rojo oscuro que anunciaría a toda mujer el próximo ciclo de purificación que estaría permanentemente renovando su cuerpo y su ser; esta sería la última que llegaría a los pies de la Divinidad para expresar su cuarta ley.

La Divinidad, reverenció en silencio a la humanidad y elevó una oración porque sabía que los seres que iban a habitar la tierra estarían divididos en expresiones hombre y mujer, lo cual sería la expresión del desafío que la misma madre luna había manifestado cuando se encontró con su propia dualidad. Deseó infinitamente en ese momento que todos los seres recordaran a través de los ciclos de las mujeres, el poder de receptividad que habitaba en todos y que la ilusión de la separación en los cuerpos, les permitiera ver más allá de las apariencias para integrarse plenamente con sus consciencias masculinas y femeninas.

Luego de esta poderosa oración, observó como las 4 esferas comenzaron a elevarse y mostrarle como muchas construcciones se iban a alinear con los ciclos y ritmos de la naturaleza. Contempló las construcciones de bases cuadradas y puntas firmes hacia lo alto, que reverenciaban los ciclos de estaciones que mantenían la perdurabilidad en el mundo. También visualizó como la mayoría de los seres contaban con 4 extremidades que les permitían conectarse con su forma y naturaleza original, para que se siguiera rindiendo tributo a las 4 diosas que habitaban en la Luna. Comprendió que para construir algo se necesitaba la ley que pudiera dar forma a los ciclos y los procesos naturales que el ser deseaba manifestar. Por esta razón decidió llamar a este nuevo campo de creación Autoexistente, porque al escuchar este nombre cada ser comprendería que su diseño original era perfecto y se contenía a si mismo para expresar lo mejor de su naturaleza original.

Las 4 esferas volvieron a elevarse para reencontrarse con las 4 diosas, y mientras la Divinidad contemplaba su ascenso, visualizó como los seres que habitarían el maravilloso planeta azul, también descenderían desde lo alto para olvidar su verdadera esencia, de acuerdo al plan que habían pactado en su interior. Así como las esferas habían descendido desde la luna, ellos también sentirían gradualmente como su ser empezaba a tomar una forma que les permitiera recorrer el camino de transición para realizar su Gran Obra.

Luego de esta comprensión, la Divinidad decició descansar un momento, sabía que después del descenso de las esferas de la Gran Madre Luna Ixchel, empezarían a gestarse las leyes luminosas de su esencia para que los seres pudieran experimentar su proceso de transformación en el mundo.

 

tonos 5 - 9

 

La Divinidad seguía descansando, cuando sintió como un rayo de luz plata entraba por coronilla y recorría completamente a su ser. Percibió en ese momento como le era entregado un poder que le permitía reconocer la naturaleza de su propia esencia. Era un rayo luminoso y resplandeciente que otorgaba plenitud y certeza para recorrer cualquier camino que se le indicara. Ella sabía que este valioso regalo de la Madre Luna, le ayudaría a los seres que habitaran el maravilloso mundo azul a encontrar una guía en su interior que sería la necesaria para poder seguir el camino que les indicaba su propio corazón. A esta nueva ley decidió llamarla Entonada, porque así cada ser se sintonizaría con su propia frecuencia para seguir el sendero de evolución que estaba previsto desde los planos superiores. Se entonaría con la vibración correspondiente que irradiaría desde su interior para crear las realidades que le indicara su alma.

Y mientras sentía las frecuencias de los tonos de su propia alma, empezó a observar como la Gran Luna, empezó a emitir un cántico especial. De sus entrañas salían las melodías inspiradoras que renovarían al corazón de cristal del planeta que acompañaría de ahora en adelante en su recorrido evolutivo. Y desde esos maravillosos cantos, surgió otro rayo de plata acompañado de una esfera dorada. Cuando estos elementos mágicos llegaron a sus pies, percibió que la esfera podía recorrer por encima al rayo de plata buscando el equilibrio que dejara escuchar el canto de su propia alma. Era como si la Gran Madre les entregara a todos los seres la capacidad para reconocer el propio ritmo de sus caminos, que los llevaría a un movimiento de plenitud y comprensión. Esta nueva le, decidió llamarla Rítmica para que los seres que la escuchara pudieran recordar el equilibrio que siempre se encontraría en los diferentes ritmos de la propia experiencia de creación.

Mientras seguía escuchando los cantos de su propio ser, la Divinidad observó como la Gran Luna entraba en éxtasis y en silencio que armonizaba toda su esencia. Era como si estuviera hablando con un ser superior al cual ella veía y apreciaba en su totalidad. Después de esta contemplación, ella decidió irradiar un nuevo rayo de luz plata junto con dos esferas potentes de color cristal. La Divinidad veía como estos elementos se acercaban a ella, y suavemente se apoyaban en su coronilla; en ese instante percibió que entraba en una comunicación amorosa con seres que estaban en otras galaxias y que al igual que ella seguían construyendo mundos nuevos para expresar la esencia de sí mismos. Sintió como llegaban a ella todos los instantes del pasado, presente y futuro que le revelaban una gran fuerza de creación, en la cual todos seguirían experimentando en el plan sin fin de un universo que había sido creado como un regalo de amor. Esta nueva ley de la Gran Madre, le hizo comprender que todos los seres que habitaran el mundo azul, tenían las puertas abiertas para comunicarse con todos las fuerzas del universo y al ser correspondientes a esta ley recibirían los mensajes de apoyo y guía que necesitarían cuando no pudieran ver con claridad su propio camino. La Divinidad se inspiró en ese momento y decidió llamar a esta nueva ley, Resonante porque así les recordaría a todos los seres que ellos mismos eran una resonancia vibracional del universo y como tal podían comunicarse con diferentes frecuencias de acuerdo a la propia sincronización que tuvieran con su alma.

Mientras la Divinidad seguía disfrutando de la comunicación con los otros seres del universo que también experimentaban como ella, observó como la Madre Luna llamaba su atención para que mirara en su interior y allí vió como un corazón hermoso de cristal y plata iluminaba desde lo más profundo de sus entrañas. Así pudo entender porque la superficie de ella era plateada cuando Kinich Ahau la iluminaba, ya que así rendía tributo a la expresión sagrada de su propia alma. Y en este instante glorioso para ambas, la madre luna decidió crear un nuevo rayo de luz plata acompañado de 3 esferas del mismo color. Esta vez todo estaba sincronizado con la esencia de su alma, para que se reflejara de manera auténtica todo lo que ella era realmente. La divinidad tomó el rayo de luz plata y las 3 esferas en sus manos, y observó como ellas marcaban una ley de integridad, donde había una completa unidad en los 3 niveles del ser que manifestarían desde el interior una correspondencia hacia la experiencia externa. Estos elementos le ayudaron a percibir el nombre de esta nueva ley a la que decidió llamar Galáctica. Este nuevo campo de potencialidad les permitiría a los seres descubrir en su interior lo que podían manifestar en unidad hacia el exterior. Les ayudaría a descubrir su verdadera naturaleza para que en todos los niveles de su propia energía se pudiera expresar la misma frecuencia.

Después de esta sincronización, la Divinidad observó como la madre luna empezaba a pulsar una energía que brillaba cada vez más, era como si quisiera expresar su gran obra hacia la tierra, como si estuviera a punto de dar luz al ser más precioso de su vientre. En ese proceso, empezó a ver como se le acercaba un nuevo rayo de luz plata acompañado de 4 esferas; en ese instante sintió como el poder interior del haz de luz inicial se unificaba con las 4 esferas que le habían permitido ver los ciclos del mundo. En esta nueva vibración, ella contemplaba como el poder y los ciclos se encontraban a sí mismos para poder realizar grandes obras. Observaba como el poder interno de las plantas y animales del planeta azul, se acogían a los ritmos de las fuerzas naturales para expresar sus obras. Ya sea que fuera crear un gran bosque o convertirse en una gran manada que mantuviera el equilibrio del mundo. La misma Luna reverenció este proceso de realización gestando en sí misma la magia que se realizaría a través del poder de su corazón de cristal unido a las 4 fases que la irían transformando, y estas energías también influirían amorosamente en todos los seres para que pudieran acceder a la realización de su propia esencia. La Divinidad contemplaba admirada a la Gran Madre, era como si todo lo tuviera previsto en un orden natural y superior.  En ese momento, decidió darle el nombre Solar a esta nueva ley para que los seres recordaran que siempre existiría una intención en el corazón para realizar y que estaría permanentemente apoyada por los ciclos de la luna y del mundo.

La misma Divinidad pudo expresar nuevas creaciones para continuar su gran obra en el mundo, de las cuales disfrutarían mutuamente todos los seres. De pronto, sintió que la misma tierra hacía una reverencia a la Madre luna, algo nuevo se avecinaba y su corazón estaba dispuesto a recibir el regalo de la nueva experiencia.

TONOS 10 - 13

En ese mismo silencio, observó como desde la luna emergían dos rayos de luz plata hacía la tierra, eran dos líneas paralelas muy largas que formaban una gran escalera. La Divinidad comprendió que la Gran Madre la invitaba a acercarse a ella para que pudiera percibir algo más de su esencia. Ella subió suavemente y en la medida que lo hacía podía ver la magnitud del planeta azul, con sus diferentes vibraciones que lo hacían uno de los mundos más completos y desafiantes para elegir un proceso de creación. Cuando la Divinidad llegó a la Gran Luna, contempló más cerca sus cráteres, valles y pequeñas montañas como si su superficie dejara ver el vestigio de un gran grupo de seres que vivió con ella. La Gran Madre se percató de la observación de su recien llegada compañera, y le contó como en realidad antes había sido un planeta que vivió las mismas experiencias que tendría el planeta azul; y por eso había sido elegida para acompañarlo en el proceso de evolución que iba a experimentar. Ella lo acompañaría desde lo alto para que los seres que habitaran en el, pudieran reconocer su propia magnificencia y anhelaran alcanzar el aspecto más elevado de sí mismos contemplando a la hermosa luna. Sabía que sería fuente de inspiración para muchos, y por lo tanto eso les impulsaría a querer avanzar a nuevas expresiones de su esencia. Esta revelación que le había sido otorgada a la divinidad, la inspiró para crear el nombre de esta nueva ley a la cual llamaría Planetaria, ya que tanto la luna como la tierra compartían una misma historia, y lo único que las diferenciaba ahora es que la Gran Madre ya había completado su proceso como planeta para convertirse en guía de un mundo que viviría experiencias que le permitirían avanzar en el glorioso camino del universo sin fin.  Este nombre que la Divinidad le había otorgado a esta ley, le recordaría a los seres que en algún momento ellos mismos se experimentarían a sí mismos como planetas, y aunque era en un futuro muy lejano; su experiencia en la tierra siempre les impulsaría a avanzar porque en ese camino de ascensión descubrirían nuevas expresiones de su esencia que los inspiraría para crearse a sí mismos de una nueva manera.

La Divinidad contemplaba extasiada la sabiduría de Universo, sabía que el nuevo mundo azul necesitaría una compañera que lo acompañara desde lo alto y le permitiera recordar sus propios procesos de transformación entre la dualidad de la luz y la oscuridad. Luego de esta reflexión, la Gran Madre volvió a manifestar los dos rayos plata para que la Divinidad subiera otra escalera que la llevaría a otro plan dimensional. Antes de hacerlo la luna le entregó una esfera proveniente de su corazón cristalino para que pudiera reconocer la nueva ley que debería ser manifestada en la Tierra. Con la esfera en la mano, empezó a sentir mientras subía como palpitaban miles de historias en ella, era como si le contara toda la historia evolutiva que había en ella desde que su alma se gestó como un cristal pequeño que había nacido de las entrañas de un planeta muy lejano. La escalera era muy larga, y la Divinidad llegó a pensar que no iba a encontrar ese nuevo plano dimensional, cuando de un momento a otro se encontró con una puerta plateada, que tenía una rendija circular. Allí debía depositar la esfera cristalina que le había dado la luna. En el momento que las puertas se abrieron contempló el Templo de la Gran Historia Álmica de todos los seres. Era un lugar mágico, allí estaban detalladas todas las vivencias de cada uno de los seres que decidían experimentarse a sí mismos en diferentes lugares del Universo. Comprendió que un alma decidía llegar al hermoso planeta azul porque había una historia que debía renovar para que quedara inscrita de una nueva manera y así se pudiera acercar a las puertas de los universos dorados que eran desconocidos aún para quienes experimentaban en los mundos de los universos negros. Así pudo percibir que la Gran Madre Luna y ella misma también estaban inscritas en este Templo, por lo tanto debía manifestarse una ley que les permitiera a los seres liberar las historias antiguas para que pudieran renovarse en otra expresión que los acercara a los nuevos universos. Y en ese instante de reflexión, decidió llamar a la nueva ley Espectral, una vibración que les permitiría recordar a todos los seres del mundo azul que era necesario en su camino de ascensión liberarse de historias antiguas para que pudieran transformar su propio corazón cristalino en la esencia dorada que les permitía acceder en algún momento a otras vivencias en el mundo que vivía, logrando expresar una nueva energía su corazón que quedaría registrado en ese hermoso templo.

Después de haber creado esta ley, observó como surgían dos nuevos rayos de plata formando otra escalera. Desde el corazón de los archivos de la gran luna le fueron entregadas dos esferas doradas que abrirían una puerta más. Ella siguió ascendiendo por esta nueva escalera, y llegó rápidamente a una puerta dorada con las dos rendijas circulares donde ella colocó las dos esferas doradas. Al abrirse la puerta, contempló una historia futura del planeta azul, donde todos los seres que habitaban en el habían evolucionado hacia una comunidad global, cooperativa y unificada. Todos vivían en armonía y los retos que se gestaban en ese plano de experiencia tenían que ver más con creaciones de bienestar para todos y ayuda a mundos que habían pasado por el mismo proceso que ellos. Reinaba el amor incondicional y se establecía un mutuo dar y recibir porque sabían que esto ayudaba a la evolución del planeta entero. La Divinidad contempló con admiración esta gran obra evolutiva, y reconoció que los seres que habitarían en el mundo azul no podrían ver en lo que se convertirían, así que decidió darle nombre a esta nueva ley que la Gran Madre le mostraba, llamándola Cristal. Este nombre le permitiría a los seres recordar la importancia de gestar un mundo de bienestar que involucrara la unidad y participación conscientes de todos los recursos del mundo azul. Sus grandes obras serían inspiradas para que pudieran establecer un entorno de cooperación mutua y así pudieran como grupo unificado seguir escalando hacia una nueva expresión de consciencia colectiva.

La Divinidad seguía admirando las leyes que inspiraba la Gran Madre Luna, debido a que ella misma había sentido ese proceso en todo su ser. Faltaba una, ya casi se completaba la Gran Obra de creación del Mundo Azul con sus expresiones solares y lunares. La Gran Madre volvió a gestar dos rayos, esta vez de color dorados para crear una nueva escalera que retornaría a la Divinidad hacia ella. Subió la escalera y al llegar a su final , se encontró con una Luna Dorada, que representaba el proceso evolutivo de la Gran Madre. La Divinidad empezó a hablar con ella, y veía como desde ese plano se veía a la luna plateada acompañando al planeta azul. La Luna Dorada le entregó tres esferas gestadas de su propio ser que tendrían su mismo color y esencia. Este regalo le recordaría que todos los seres experimentan diferentes mundos para retornar a su verdadero origen, y que la experiencia que viven en otros planos dimensionales solamente son proyecciones elegidas para cumplir un proceso evolutivo que permita dejar un legado y una señal en el camino a quienes inician ese mismo sendero.  Estas tres esferas y los dos rayos dorados de la última escalera, la inspiraron para darle nombre a la última ley que se llamaría Cósmica. Este campo de potencialidad, le permitiría recordar a los seres que habitarían el planeta azul, que podrían trascender hacia una nueva expresión de su propia consciencia. Que esos corazones cristalinos y puros, podrían dejar un legado en la tierra cuando ellos se transformaran en oro puro y así dejarían una guía en el camino para quienes emprenderían un nuevo viaje de retorno a los más sagrado de su ser.

Las 13 expresiones de la Gran Madre estaban listas.  Los ciclos de 13 lunas que acompañarían a la Tierra, expresarían cada una de las leyes a los corazones de los seres humanos, y así ellos recibirían las indicaciones para ser correspondientes con sus creaciones. Cada ciclo de la luna emitiría la frecuencia correspondiente, para que se pudiera expresar en su totalidad con los sellos solares que la Divinidad había creado inspirada por Kinich Ahau.

La Gran Obra del Mundo Azul estaba completa, energías femeninas y receptivas, estaban alineadas con las energías masculinas y expresivas. Se daba inicio a la experiencia de los seres que habitarían este mundo, y mientras continuaba su viaje de creación, la Divinidad oró al Universo negro y solicitó a la Gran Fuerza Creadora que todos los seres del nuevo mundo fueran plenamente felices.

A esta historia la complementa el relato de la Divinidad creando los Sellos Solares, si quieres leerla ingresa AQUÍ

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