Cuando la luz emergía desde el corazón de Hunab ku, la aurora empezaba a resplandecer con un tono rojizo que abría la entrada del Amanecer junto con la fuerza primordial de Kinich Ahau, quien contemplaba a la distancia al grupo de planetas vivientes que lo acompañarían en su trayectoria para unificarse en algún momento crucial con el canto universal de la Madre Galáctica. Observó como de un momento a otro llegó una Divinidad que tenía como misión gestar las energías de experiencia en uno de los planetas que brillaba con una tenue luz azul y estaba en proceso de ser despertado.  La Divinidad empezó a contemplar con extásis este planeta azul al cual le habían dado el nombre Tierra.  En sus manos estaba la creación de las diferentes razas que caminarían este mundo, para que a través de las energías solares pudieran recordar su verdadera naturaleza.

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Imagen tomada de Kinich Ahau

La Divinidad (de quien nunca se supo su nombre), empezó a contemplar a esa estrella gigante y majestuosa llamada Kinich Ahau, que con su luz dorada emitía vida y amor a plenitud. Hizo una reverencia ante Él y le solicitó a través de la oración de su alma, que le permitiera reconocer las fuerzas de creación que debían manifestarse en este maravilloso planeta azul. En ese momento, la Divinidad empezó a sincronizarse con la luz amorosa de Kinich Ahau y  así empezó su labor de creación con la Raza Roja que estaría manifestada con seres luminosos que llamaría “los iniciadores”.

sellos rojos

Comprendiendo la importancia de este Gran Inicio, la Divinidad empezó a gestar desde la fuerza roja el Sello del Dragón, manifestando que quienes llevarán esta energía en su corazón, serían conscientes de su propia nutrición y lo que para ellos era correspondiente con la naturaleza esencial de su Ser. Igualmente, también recordarían la protección sagrada del Gran Padre y la Gran Madre, porque en ellos estaba la memoria que debía ser recuperada mientras transitaban la Tierra.

Cuando el Dragón ya había dado su primer paso con confianza, la Divinidad percibió que era necesario la energía que fortalecería el instinto para percibir las experiencias que pudieran enaltecer la Fuerza Vital, al igual que gestara los principios creativos para formar un nuevo ser o cualquier otra vibración que se expresara desde el Interior. Así, nació la Serpiente quien establecía en su Ser las vibraciones que le permitían perdurar la vida en la Tierra para reconocer la fuerza que habitaba en su interior y le permitía realizar cambios de piel cuando fuera necesario para su propia evolución. Los seres que incorporaran esta energía, debían reconocer la importancia de su sexualidad y el cuidado de la misma; ya que a través de ella podrían manifestarse los impulsos creativos más puros o por el contrario debían aprender a través del vacío que se manifestaba cuando se utilizaba en exceso.

Luego de esta Energía creativa que se había manifestado en la Tierra, la Divinidad reconoció que el puro impulso creativo no sería nada sin el fluir de las emociones, y por esta razón creó la energía de la Luna, que tendría esa energía inspiradora cuando los seres que habitaran este mundo miraran al cielo y la observaran reflejando la luz del Sol. Esta energía sería incorporada por aquellos seres que necesitaran purificar sus emociones y a través de ellas sensibilizarse con el mundo que les rodeaba. Era previsible que en sus primeras experiencias, fuera difícil comprender este flujo emocional que surgía de un momento a otro sin poder contenerlo, pero después que ellas limpiaran los canales de energía, comprenderían la claridad que surgía después de su vivencia.

Contemplando su creación, la Divinidad también observó la importancia de viajar en un planeta tan hermoso, y por esta razón creó al Caminante de los Cielos,para que en su corazón siempre llevará ese impulso para salir de un territorio que era conocido y así aventurarse hacia nuevas tierras que le ayudarían a contemplar mejor sus vivencias en este mundo. Desde este principio supremo, esta energía se creó para que los seres que la llevaran en su interior pudieran motivarse a reconocer la Tierra como parte de su Esencia y pudieran aprender de otros lugares donde habitaban otros seres con experiencias de vida completamente diferentes; si se establecía este vínculo sagrado, podría llegarse a establecer una comunicación con los Caminantes de los Cielos que solo se volverían visibles para aquellos que hubieran decidido salir de los límites aparentes del mundo en que vivían.

La Divinidad contemplada extasiada su propia creación, y para finalizar con estas energías del amanecer, necesitaba rendir tributo al planeta que se había creado, dándole al siguiente sello su nombre y por esta excepcional sincronía decidió llamarlo Tierra; así los seres que llevaran en su corazón esta vibración recordarían la importancia y majestuosidad del mundo en que vivían, comprenderían que el mundo tiene un corazón de cristal que guía sus caminos para llevarlos al retorno de su propio Ser. Cuando se escuchara el nombre de esta energía, todos los seres comprenderían su relación profunda con la naturaleza y cuidarían de ella, porque también formaba parte de la expresión de su propia Divinidad. Se emitirían las señales desde la esencia del Mundo, para que todos recordarán las fuerzas que habían creado tan maravilloso planeta.

La Divinidad, terminó su creación poco antes del momento del medio día Galáctico, sabía que allí se manifestaría una energía completamente diferente, con la cual se gestarían otras energías para seguir poblando ese maravilloso planeta azul, que sería digno de las mejores y mayores experiencias para una raza que llevaría en su corazón las 4 frecuencias galácticas. Una raza llamada humana.

Sellos Blancos

Y mientras contemplaba la creación de la Raza Roja, la Divinidad descansó por un momento, imaginando como serían las experiencias de los seres que llevarán en su interior la impresión de esta energía del Amanecer. Mientras lo hacía, observó como la luz de Hunab ku se volvía cada vez más brillante, anunciando su acercamiento al punto más elevado de su propio Ser.

Cuando llegó a su máximo esplendor, la Divinidad percibió como su propia alma universal se abría para recibir las frecuencias espirituales del Centro de la Galaxía, emergiendo como suaves rayos de luz blanca. Todo se volvió cristalino y sutil en ese momento, y allí comprendió que el siguiente paso de creación tenía que ver con unos seres que llamaría purificadores o refinadores.

Al interiorizar esta comprensión, la Divinidad empezó a sentir una brisa fresca que rodeaba a todo el planeta que estaba en proceso de maduración y sintió que a esta fuerza debía llamarla Viento. Los seres que tuvieran incorporada esta energía en su corazón, establecerían un camino para escuchar la voz del Gran Espíritu, siendo conscientes que el lenguaje escogido para transitar por la Tierra sería el puente de comunicación que traería los mensajes de los mundos espirituales. También, reconocerían en su camino de descubrimiento el poder de creación que surgía a partir del aliento sagrado que ellos mismos manifestarían.

Luego del paso suave del Viento dejando su gran mensaje divino; la Divinidad sintió como otros mundos llegaban a acompañarla en su proceso de creación, comprendió que para poder sentir la energía de otro mundo debía morir al antiguo traje que la acompañaba en la dimensión anterior. Aunque su paso por los diferentes planos del espíritu era vivificante, percibía como en algún momento podía ser difícil abandonar lo que ya conocía; así determinó que debía existir otra fuerza que se llamaría Enlazador de Mundos para que quienes eligieran experimentarse en esta vibración reconocieran el poder de la paz interior que surgía cuando decidían salir de un mundo para vivenciar otro completamente diferente. El Enlazador abriría las puertas de los ciclos para que cada ser pudiera contemplar con benevolencia una etapa vivida que llegaba a su fin y debían morir a ella para renovarse en su propio proceso del encuentro con el Espíritu. Estaría dictaminado también por esta fuerza que cualquier Ser, sentiría en su corazón las vibraciones de la paz, el perdón y el desapego para poder transitar hacia una nueva expresión de la esencia del mundo espiritual, así que nadie temería a la muerte.

Mientras reconocía el poder de la paz interior que se gestaba en el tránsito por diferentes mundos; de un momento a otro la Divinidad se sintió sola y se preguntó porque siendo ella inmensa y absoluta en sí misma, empezó a hablarle a su propio corazón de origen Galáctico. Percibió la presencia del Amor y en ese instante reconoció lo importante que sería manifestar esta energía en otros espíritus afines. Así que decidió crear una fuerza a la cual llamaría Perro, porque sabía que en la Nueva Tierra existiría un animal que llevaría este nombre y le recordaría a otros seres la esencia del Amor Incondicional. Suspiró en ese momento, y deseó inmensamente que los seres que llevaran este sello recordaran establecer una relación profunda con su corazón, y fueran fieles a sus indicaciones. Si lo hacían, podrían encontrar en el camino a otros seres con los cuales sentirían alguna afinidad a nivel del alma y dejarían de sentirse solos, comprendiendo que el universo siempre creaba en compañía con otras fuerzas tal y como ella lo había vivenciado, encontrando a sus divinidades compañeras.

Precisamente, cuando estaba hablando con una de sus divinidades compañeras, recordó que el tiempo parecía eterno y parecía estático en el eterno presente de su existencia. Se retiró de nuevo un momento y contempló como podría imprimir el movimiento del tiempo para sorprender a los seres que transitaran por la Tierra. Así, decidió crear una nueva fuerza a la que llamaría Mago, que sería el encargado de recordarle a todos los seres que llevarán esta vibración en su interior la importancia de observar esos detalles mágicos que se manifestaban en el presente. Esto les permitiría reconocer a dos tiempos que ellos mismos crearían: El pasado como una expresión de lo que habían creado desde un tiempo anterior al ahora que tenía un resultado mágico. Y el Futuro que era una expresión posterior al ahora donde se presentaban todos los potenciales de creación de realidad posibles. El Mago, les permitiría acceder al campo cuántico de la atemporalidad, a través de la magia de los milagros que  revelarían los detalles del Espíritu.

Y esta misma magia, llevo a la Divinidad a concebir diversas realidades posibles que se gestaban desde la pureza de su corazón creador. Entendió que cada acto creativo se reflejaba hacia exterior, de acuerdo a lo que ella percibía desde su propio mundo interior. Así, visualizó que su Esencia se reflejaba en el gran lago que aún rodeaba al hermoso planeta azul que seguía madurando, y desde ese momento se gestó su gran verdad con la última fuerza de esta raza blanca, a la cual llamo Espejo. Esta energía le ayudaría a los seres que la llevaran en su interior, a reconocer su propia esencia en todo lo que vieran reflejado en el Nuevo Mundo. Comprenderían que las ilusiones externas serían necesarias para recordar su propia verdad interior cuando ellas fueran diluidas. Así se reconocería el orden universal que organizaría las vivencias profundas para establecer el camino de retorno al Espíritu.

La Divinidad, agradeció a su corazón por este momento de inspiración, creando un grupo de sellos que podrían imprimirse en el alma humana para que los seres jamás olvidarán su relación con ella. De un momento a otro, empezó a reconocer como la luz descendía y comprendió que una nueva energía toalmente transformada llegaría desde el corazón de Hunab ku. Estaba preparada, sabía que aún su poder creador estaba a mitad de camino…

Sellos Azules

Su mirada empezó a fijarse en el horizonte y percibió como la luz de Hunab ku empezaba a descender al igual que la de la estrella celeste que proporcionaba vida y amor a todos los seres del maravilloso planeta azul. Reconocía en sí misma el ocaso que seguía a un proceso de purificación que se había gestado con la Raza Blanca, por lo cual sentía en las profundidades de sus emociones como empezaba cada cosa a cambiar y desde esa interiorización decidió crear a una nueva Raza Azul que se llamarían “los transformadores”. 

Mientras ella misma se transformaba, sintió como una percibía al mundo como un lugar proveniente de la misma energía del Gran Sueño Universal. Sabía desde ese instante que debía rendir tributo a los sueños para que los seres que llevaran impresa esta energía recordaran los Reinos de la Abundancia para manifestar cualquier realidad así como ello lo hacía. Interiorizó, sintió y creó a la Noche dentro de su propio Ser, contempló como su manto de oscuridad la revestía y le permitía ensoñar junto con una voz que la acompañaba en su propia creación. Esta voz provenía de los niveles más profundos de su Ser, y le permitía intuir lo que se debía seguir manifestando. Los seres que acogieran esta fuerza en sus corazones, recordarían siempre que cuando el manto oscuro arropara a la Tierra, sería el momento indicado para dirigir su consciencia hacia los planos más sutiles y abundantes donde obtendrían los recursos para seguir su caminar en el mundo.

Mientras la Divinidad ensoñaba, sintió como podía transformarse y convertirse en cualquier ser que ella imaginara; así que en ese instante reconoció como debía establecerse este potencial en una nueva fuerza a la cual llamaría Mano. Esta vibración le permitiría recordar a los seres que la llevaran en su interior, la capacidad para materializar todo aquello que su emoción más profunda les indicara. Este proceso les ayudaría a vislumbrar lo que podría ser sanado cuando llegaran esos momentos de desequilibrio en los cuales olvidaran su propio de camino de retorno. Contempló como cada ser al mirar sus propias manos, evidenciaría la bella energía azul que emitía su alma para sintonizarse con la construcción de su propia camino sanador.

Al crear estas energías, sintió que llegaba una nueva vibración desde donde surgía la alegría y plenitud para poder seguir en su propio juego de manifestación. Percibió como esta fuerza iba de un lado para otro, mostrándole diferentes apreciaciones de su propia Divinidad; esta vibración le invitaba a sumergirse en el agua y jugar con los seres marinos del planeta azul, luego la animaba a subirse a los árboles para contemplar la diversidad de este nuevo mundo, luego la llevaba a los estados de relajación más profundos donde podía sentir el simple agradecimiento de la vida. Luego de estas experiencias, observó por un instante los animales que se habían creado en el planeta azul, y descubrió uno que iba de un lado para otro, feliz por ser quien era. Inmediatamente supo que este agraciado animal debería personificar la energía de la siguiente fuerza, por lo cual decidió llamarla Mono, así estaría segura que cuando los seres personificaran esta energía podrían recordar a través de este maravilloso animal, la importancia de divertirse y así retornar a la inocencia característica en sus primeros años de exploración en este mundo.

La Divinidad, seguía en su estado de plenitud, observando como la alegría de su interior, seguía proveyendo la magia de transformación a toda la Tierra. De un momento a otro, sintió una necesidad profunda de elevarse y contemplar al mundo como la unidad que era. Materializó en ella misma unas poderosas alas que la llevarían por cada rincón a observar como toda la naturaleza se relacionaba mutuamente para un bienestar común. Cada ser cumplía con su propósito y esto ayudaba al Todo a mantener el equilibrio. Mientras reconocía estas relaciones divinas, visualizó como los nuevos seres que vendrían a experimentar y que serían llamados humanos, podrían sentirse parte de este nuevo mundo y por lo tanto generarían las acciones que mantendrían el balance natural. Esta visualización, le inspiró a crear otra fuerza a la que llamaría Águila, que también estaría presente en uno de los hermosos animales de este reino y cuando los seres que llevaran impresa esta energía, la vieran cruzar por los cielos recordarían su propia capacidad de elevarse para visualizar los actos más sagrados que preservarían el bienestar colectivo.

Para la Divinidad todo este mundo era mágico, y no paraba de visualizar la dicha que sentirían los seres por vivir en este hermoso planeta azul. Pero en un instante, ella percibió que había una nueva fuerza que la atemorizaba, y esto no lo había sentido antes. Escuchó a lo lejos una voz fuerte que provenía del cielo, anunciando un cambio; luego contempló como las nubes empezaban a oscurecer el entorno, preparando una transformación del ambiente; inmediatamente, observó como empezaban a generarse destellos de gran energía que activaban la Tierra de una manera mucho más profunda. Todo este nuevo proceso marcó en ella una incertidumbre, porque aún no sabía lo que se iba a generar… Y de pronto, empezó a sentir el agua purificadora que limpiaba todo su ser y todo lo que estaba a su alrededor; percibió como una nueva corriente de energía empezaba a emanar de su interior y veía la transformación de sus sentidos para contemplar todo de una manera mucho más brillante y renovada. Al terminar este suceso, agradeció infinitamente por la experiencia, porque sabía que las fuerzas transformadoras llegaban siempre para darle un hermoso regalo a los seres que estuvieran dispuestos a recibirla con el corazón abierto. Se inspiró nuevamente, y decidió que esta fuerza autogeneradora, debía revestir al planeta y los seres que la llevaran impresa para lograr una consciencia de cambio ante los desafíos que pudieran surgir en las vivencias y olvidos en el camino de retorno.  Eligió el nombre de la Tormenta, porque cuando los seres la percibieran así sintieran un temor inicial, reconocerían su poder para transformarse a ellos mismos y a la Tierra, si en algún momento llegaban a desviarse del propósito de su experiencia original.

Luego de estas experiencias transformadoras, la Divinidad decidió descansar y contemplar como el manto oscuro de la noche empezaba a cubrir aún más el planeta. Dirigió su mirada hacia el cielo, observó que el planeta tenía más compañía; un gran ser femenino vigilaba desde lo alto el descanso de la Tierra y otras estrellas nacientes como Kinich Ahau también dejaban ver su luz para que quien las mirara recordara la luz que siempre brillaba en el interior. Este momento de reflexión, le ayudó a percibir las últimas vibraciones que llegarían para la creación antes del amanecer que ya estaba resguardado por los seres de la Raza Roja.

Sellos Amarillos

La Divinidad contemplaba con plenitud y agradecimiento ese manto oscuro que recubría a la Tierra, y mientras su corazón escuchaba la música del universo, observó un rayo de luz dorado que emitía una de las estrellas del horizonte. Ese rayo se fue acercando, y de un momento a otro entró suavemente por su mente, revelándole la iluminación que provenía de las siguientes vibraciones que debía crear para terminar su proceso de creación en el maravilloso planeta azul.

Esta luz, le entregaba una claridad plena sobre la lógica e inteligencia de la Gran Madre Galáctica, y esta inspiración fue suficiente para crear la última Raza que sería de color Amarillo y a la cual llamaría “los maduradores”.

Meditando en la luz dorada que recubría todo su ser Divino, percibió las pequeñas esferas de pensamientos que empezaban a cultivarse en su mente como potenciales de creación para manifestar cualquier realidad en su entorno. Al contemplar la naturaleza sagrada de estas esferas,empezó a rendir tributo a esta energía creando una nueva fuerza que llamaría Semilla. Esta vibración le permitiría recordar a los seres que acogieran esta fuerza en sus corazones, la importancia de cultivar esas esferas doradas que provenían como un regalo de la Gran Madre Galáctica para gestar el florecimiento de su propia consciencia.

Y mientras veía como esas semillas empezaban a germinar y manifestar la esencia de su Ser, la Divinidad contempló de nuevo el cielo y empezó a observar el brillo resplandeciente de cada una de las Estrellas que iluminaba la noche. Era como si el titilar de las luces, se compenetrara con el ritmo de respiración del Sol Central de la Galaxia para recordar a todos los seres que existían muchas más dimensiones para explorar y reconocer. Ese titilar, la inspiró para crear la siguiente fuerza que iba a formar parte de esta nueva raza y así manifestó la Estrella. Su brillo era resplandeciente y le recordaba la luz dorada que había iluminado su ser desde el inicio.  Esta nueva energía, representaba la armonía y elegancia del mismo universo en su continua creación de nuevos mundos. Sabía que los seres que decidieran acogerse a esta frecuencia, podrían reconocer la perfección en cada momento de su existencia, revelando un matiz diferente como parte de la Gran Obra que estaban creando para sus vidas.

La mente superior de la Divinidad seguía creando, y proyectaba las hermosas formas de su propio Ser apoyada por la vibración de esa Estrella que titilaba en su Ser. De pronto, cayó en cuenta de algo importante, debía rendir tributo a la raza de seres que iban a experimentar en el maravilloso planeta azul. Los Constructores Galácticos le dijeron que esta raza en general se llamaría Humana; y con esta nueva consciencia enfocó su poder de creación en la siguiente fuerza a manifestar, a la cual le dió el nombre de Humano.  Esta vibración recordaría los orígenes de los seres que transitaran este mundo, para que se unificaran con su propia sabiduría suprema. Quienes decidieran llevar incorporada esta vibración particular en su Ser, acudirían al discernimiento para reconocer el poder del libre albedrío; que representaba esa capacidad de interiorizar y definir si elegían el camino de conexión con la Divinidad o preferían permanecer en el olvido de su propia naturaleza. La Divinidad sabía que este proceso del Libre Albedrío sería difícil para la nueva humanidad, pero también era parte del Plan Galáctico para que cada quien pudiera construir conscientemente el camino de retorno como parte de la Gran Obra y el Plan Mayor.

Reconociendo estas dificultades, la Divinidad contemplaba como podría ofrecer una fuerza que impulsara al alma humana a seguir adelante, a pesar de los temores que el nuevo mundo pudiera influir en la mente de cada ser. Y por esta razón, convocó todo el coraje de su propia esencia para crear una nueva fuerza que se llamaría de ahora en adelante Guerrero.  Esta frecuencia llamaría a los seres que deseaban confrontar y cuestionar los temores del Mundo, y serían ellos quienes sentirían el llamado de la inteligencia superior para recordar la naturaleza esencial de la mente que podía crear cualquier esfera dorada de pensamiento para diluir los instantes de oscuridad. La Divinidad veía a sus guerreros con ese coraje que ella había implantado en su propio corazón, y visualizaba como ellos podrían rendir tributo al mundo a través de la valentía necesaria para descubrir su propio camino e inspirar a otros seres.

Y en medio de esa revelación, una luz resplandeciente que provenía del Centro de la Galaxia empezó a iluminar de una manera poderosa todo su ser. Era una energía que provenía de un Gran Sol que hasta el momento era desconocida para ella. Esto la sorprendió porque a pesar que había recorrido varios mundos, nunca había sentido algo tan especial y tan resplandeciente. Reconoció el poder de la vida en esta esencia que llegaba a ella, no la podía comparar con algo que hubiera sentido antes, solamente podía percibir en ella toda la historia de los diferentes Universos y como otras Divinidades danzaban en el eterno mar cósmico de la creación, para reflejar la esencia más plena del Amor Sagrado. Entre su conmoción y dicha, decidió crear esta última fuerza que recordaría a todos los seres la iluminación de su propio Ser, y deseaba con todo su corazón que todos sintieran el mismo éxtasis que ella había podido experimentar. De allí surgió la fuerza del Sol, que a su vez rendiría tributo a Kinich Ahau quien se armonizaba con la respiración del Universo para poder emitir sus propias vibraciones cada vez que inhalaba la consciencia de la Madre Galáctica y exhalaba la vida a todos los planetas que lo acompañaban en su camino. Este Sol acompañaría a los seres que decidieran llevarlo en su esencia, para que recordaran su propia iluminación y como era un derecho natural que la Divinidad les había otorgado. Quizás no sería fácil recordarlo, pero esta fuerza los inspiraría a apreciar la vida y contemplar a la Divinidad en todo lo que les rodeaba; con esta inspiración ella les ayudaría poco a poco a volver a su naturaleza divina a través de esos momentos iluminados que reconocerían en cada paso del Camino.

La Divinidad, al final se quedó en Silencio, solo contemplaba su Gran Obra. Cada fuerza creada provenía de la chispa de su corazón y revestía el anhelo de felicidad y bienestar para todos los seres. Había creado 20 energías diferentes que representaban el aspecto sagrado del maravilloso mundo azul; que estaba listo para experimentarse a sí mismo. Elevó su mirada al cielo, agradeció la inspiración del Universo y Kinich Ahau para su gran obra. En ese momento, cuando ya se disponía a realizar un nuevo viaje por otros mundos, llegó a ella una nueva revelación. Había otro ser que iluminaba desde lo alto con su presencia; era la Madre Luna que con su rayo de luz plata, la inspiraba para una nueva creación.  Se arrodilló ante ella, y empezó a escucharla…

Esta historia continúa en el relato de la Divinidad creando los Tonos Lunares, si quieres leerla ingresa AQUÍ

Imagen portada tomada de: Conexión Universal

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